La falta de dinero en efectivo activó la inventiva de muchos quienes deben adaptarse a la ausencia de papel moneda, muchas veces los ciudadanos son los que deben asociar electrónicamente cuentas bancarias de comercios o personas prestadoras de servicios, esto para poder comprar o vender, lamentablemente no son los únicos a quienes la creatividad le aflora.


El presidente de la central única de transporte del Zulia Erasmo Alian, estima que se roban diariamente en Maracaibo entre 20 y 30 vehículos, algunos no son recuperados, otros para que sus dueños puedan tenerlos de nuevo, deben pagar, lo que comúnmente se le llama “cobro de vacuna”. Antes estas transacciones se hacían muy discretamente y se le pagaba a la banda criminal, o un emisario de ella, el dinero, ahora con esta escasez de papel moneda, los antisociales evolucionaron, aceptan transferencias bancarias de sus víctimas. Es más sencillo para ellos porque no manejan volúmenes altos de efectivo que en la actualidad no son nada discretos.

¿Pero no es más fácil ubicar a los criminales por sus cuentas bancarias? Preguntamos a los chóferes, debido a que en un país donde los organismos de seguridad operen como deben, ya estarían detenidos, respondieron los profesionales del volante con otra pregunta ¿Cómo están hoy día las policías creen que alguien se sienta seguro denunciando. Dicho por ellos mismos, los delincuentes les leen una hoja de vida completa, tienen tanto conocimiento de los pasos de sus víctimas que saben si denuncian o no.

Otro problema que representa la falta de papel moneda en el occidente del país es que los billetes de 10 y 20 bolívares no los quieren recibir ni en las entidades bancarias, por ende los chóferes tampoco pueden recibirlos, este en teoría, es uno de los pocos países del mundo en los que un tipo de papel moneda de legal circulación, no se acepta como pago o compensación para contraprestación a un servicio o compra de un bien. Un usuario del transporte publico comentaba que una vez vio como un chófer que lanzo a la calle 200 bolívares en billetes de diez a un pasajero gritándole: “prefiero botarlos a recibirlos, eso no vale nada”.