Dos días después de su asesinato, el cadáver de Jesús Ramón Esparza Peña, de 37 años de edad, fue hallado en su casa. Hasta allí llegó el pasado martes 8 de agosto, al mediodía, la dueña de la barbería en donde él trabajaba. Le había extrañado la ausencia de su empleado, quien tenía una amplia clientela y no solía desaparecer de su puesto. Al no poder comunicarse con él, fue hasta su residencia, pero cuando iba a tocar la puerta se dio cuenta de que sobre esta había una mancha de sangre.
El hallazgo, de acuerdo con familiares de la víctima, hizo que la jefa de Esparza Peña prefiriera subirse a un muro y ver si algo había pasado dentro de la vivienda. Fue allí cuando, tras levantar la lámina del techo, vio que los pisos estaban llenos de sangre y que el cuerpo apuñalado del trabajador yacía entre el cuarto y el pasillo. Horas después, el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas  (Cicpc) estudiaba la escena del crimen.
La última vez que sus amigos vieron a Esparza Peña con vida fue el domingo 6 de agosto, alrededor de las 6:30 pm. A esa hora se había ido sin despedirse de un local de Plaza Venezuela, donde había bebido varias cervezas. Los vecinos presumen que se fue hasta su casa, ubicada en el callejón Bandera Blanca del casco histórico de Antímano, al suroeste del municipio Libertador de Caracas, pero que en el camino se consiguió con al menos dos personas que entraron con él en la residencia. Esa misma noche, horas más tarde, escucharon ruidos y sonidos de botellas quebrándose. En ese momento, el volumen de la música subió y tapó la bulla, dijeron vecinos. Nadie más prestó atención a lo que había oído antes.